JORNADA DE REFLEXIÓN

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Hoy es 26 de mayo, víspera de las elecciones municipales y autonómicas en España. Me encuentro lejos, y esto me convierte en espectadora pasiva de lo que se está cociendo en esta jornada de reflexión, en la que todo el mundo ya ha reflexionado todo lo que pensaba reflexionar y ha decidido todo lo que pensaba decidir. Salvo, quizás, la abstención que, por lo que hasta ahora he concluido de anteriores votaciones, suele ser algo así como una rabieta reflexiva de última hora. Un “qué les den…”, producto de la insatisfacción que la política y nuestros políticos nos producen.

Sin embargo, son las elecciones municipales las que deberían ser más participativas, porque, a fín de cuentas, nos jugamos la política “de cercanías”, la que nos va a afectar a lo largo de cuatro años de una manera más directa. O, pensándolo bien, tampoco. Remitiéndome a las últimos meses en Madrid, yo diría que las promesas de las campañas municipales y autonómicas a cuatro años vista, nos afectan a los ciudadanos sólo en el último año antes de las elecciones siguientes. No puede escapar de mi cabeza la imagen de esa Esperanza Aguirre hecha una loca inaugurando por aquí y por allá estaciones de metro, intercambiadores, túneles que ocultan la M-30, plazas en pueblos, guarderías, colegios, hospitales… lo que sea, con tal de cortar la cinta del “queda inaugurado este servicio”. Y un Alberto Ruiz Gallardón a su lado, porque aunque las inauguraciones fuesen municipales de Madrid, doña Esperanza no estaba dispuesta a no salir en una foto: la foto que sea, pero salir. Y que “ESPE” es de la raza de los ganadores. No ha perdido nunca una votación, nunca una elección. Se repasa su currículo y no hay una sola nota oscura. Todo son sobresalientes. Para que siga siendo así, baja a los infiernos de cualquier barrio obrero a tomarse pinchitos con la plebe –que inequívocamente aplaude su gesto- o se viste de Valentino para asistir a las más selectas reuniones sociales. Ella, siempre está en campaña y cuando llegan las votaciones, recoge los frutos. A veces, es cierto, gracias a la ayuda de algún que otro tránsfuga, como ocurrió en las elecciones a la Comunidad de Madrid de hace cuatro años. Pero eso fue coyuntural y no creo que se repita. Simancas, -como en los nuevos planos del Metro que mandó hacer la propia Esperanza-, está desparecido en combate. Apenas si se le ve y se le oye. A mí, al menos, me ha pasado desapercibido mientras los túneles de la M-30 chorreaban litros de agua, se inundaban y estaban a punto de declararse zona catastrófica, debido quizás a la premura de las inauguraciones dado que las elecciones ya estaban encima.

Y como hoy es día de reflexión, reflexiono sobre la campaña electoral en toda España. ¡Qué asco!. ¡Que aburrimiento y que cabreo!. ¡Que repetición de lugares comunes en todas partes!. Hasta Aznar, por no perder la costumbre, para que se sepa quién es de verdad el líder, ha participado sin hacer que participa y no ha hecho más que meter la pata. El problema del ego es terrible en algunas personas. En el caso de Aznar, no tengo claro si lo tiene tan subido que le da lo mismo decir la primera tontuna que se le pasa por… ¿por dónde?, o si en el fondo lo tiene más bajito que su propio tamaño y dice las cosas que dice para que se hable de él y así sentirse magno.

En fín; mañana será otro día, las urnas hablarán y veremos qué es lo que decide cada pueblo, cada ciudad, cada ciudadano. Mientras tanto, seguiremos reflexionando a ver si nos da un ataque nuevo de asco o qué. ¡¿Qué de que?! Pues eso.

Camino Ciordia


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