AMIGOS

Habían sido como uña y carne durante años. Uno de los dos, en mejor situación profesional, siempre estaba dispuesto a echar una mano, defenderlo y  proporcionarle puestos de trabajo bien remunerados. Pero además, fuera del trabajo, eran inseparables. Participaban juntos en muchas actividades culturales, sociales y de puro entretenimiento. Las amorosas, nunca. Esas las llevaba cada uno por su lado aunque se lo contaban todo con todo lujo de detalles.

dos amigos en contrasol bajo sombrilla

Siempre juntos compartiendo durante años confidencias, alegrías y, a veces, sinsabores. Pero no era una relación entre iguales. El amigo de mi amigo siempre salía más favorecido de la relación entre ambos. 

Algo se torció en el camino cuando laboralmente los separaron a la fuerza. Pero nada impidió, o quizás fue una cuestión del destino, que al cabo de unos años estuviesen juntos de nuevo. Ya nada fue igual. Su amigo del alma había sido sustituido por una bipolar que le hacía de chófer y los desprecios que el hacía a su viejo amigo eran incalificables. Por ejemplo, me contaba un día el agraviado, había llevado regalitos para todos en el trabajo porque las navidades estaban encima. Detallitos cuyos precios e importancia iban según el aprecio que tenía a los compañeros. A él le regaló la corteza de parafina de un queso. Envuelta y con lazo. Ante la indignación callada de semejante desprecio, cuando todos se marcharon, el arrancó con raíz buena parte de las plantas que tenía en una macetas en el lugar de trabajo, las metió en una bolsa con cuidado de que el aire no entrase en las raíces y se las llevó a su casa mientras tiraba la corteza de queso en una papelera que había en la calle. Todavía recuerdo esta y otras historias de mala fé sin motivo que el antes amigo le había hecho y de las que yo me enteré mientras me las relataba con lágrimas en los ojos. Nunca entendimos nada ninguno de los dos: ni él como sufridor ni yo como confidente.

amigos

Durante muchos años fueron los mejores amigos del mundo y la admiración en su entorno.

Hoy pienso que, en la vida, todo pasa factura. Y que su cabeza no estaba bien debido a los excesos que había practicado a lo largo de su vida. Se había convertido en arbitrario, ególatra y no soportaba a quien no le estuviese diciendo todo el día lo magnífico que era. Acabó un buen día en que se pasó de fármacos, coca y alcohol en una juerga en la que no estaba oficialmente nadie. Entre sus escritos, había uno que hacía referencia a su viejo amigo. Era largo y pormenorizado, reconocía todo lo que había hecho por él en otro tiempo pero, como suposición final a su comportamiento, se deducía que lo que no soportaba de su antes amigo era deberle una buena parte de lo que, fugazmente, había conseguido en la vida y de que el otro fuera mejor.

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