MALTRATO A MUJERES

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Siento horror ante el panorama que tenemos en España con la llamada «violencia de genéro». Es decir, los malos tratos a mujeres a manos de sus maridos, conocidos, amantes, hijos, padres, vecinos o alguno que conocía de vista a la desgraciada de turno y pensó que, por el hecho de ser mujer, llevaba colgado el cartel de «Me puedes maltratar. Incluso hasta la muerte».

Acabamos de pasar mediados de febrero y ya son más de doce las mujeres que han muerto a manos de sus agresores. Es una violencia que va en aumento cada año y parece que no hay forma de detenerla. Nuestra sociedad se enfrenta con un problema de difícil solución. ¿Por qué?. En primer lugar, está la forma en que el maltratador inicia lo que sería la «primera fase» del maltrato a la mujer que está a su lado: aislarla de todo lo que hasta entonces ha formado parte de su vida. La va alejando de su familia, de sus amigos, le convence de que es mejor que se quede en casa y cuide a los hijos, si los hay, o que se dedique a cuidarle a él y su nidito de amor. Un buen día, Ella se encuentra sola, sin nadie a quien recurrir, con miedo a salir de casa, a buscar salidas. No se vaya a enfadar el hombre del que ahora depende total y absolutamente: para vivir, para tener un techo, para vestir, para comer… Porque Él la ha despojado de todo. Y ahora, puede empezar la segunda fase: los malos tratos en sí mismos -físicos y psicológicos- que se van recrudeciendo día a día. Y Ella ya no sabe qué hacer: ¿dónde ir, si solo lo tengo a Él?. ¿Cómo voy a buscarme la vida si es verdad que soy una mierda y que no sirvo para nada?. Oh, claro, Él ha destruido a la Mujer por dentro y levantar cabeza desde ahí, es casi imposible. Ella no tiene asideras. Nadie a quien agarrarse… salvo Él, que volverá a maltratarla una y otra vez hasta la muerte si es preciso. A fín de cuentas, como decía aquella canción «La maté porque era mía». La mujer como propiedad del hombre, como objeto ya sin precio (como objeto despreciable), pero aún así, sin derecho a irse, sin poder huir del infierno en que el hombre la ha colocado, porque Él ha anulado su voluntad, su iniciativa y ha acentuado hasta el infinito sus miedos a lo que le espera fuera. A base de golpes y amenazas, y de destruir su psique, Él ha conseguido la dependencia absoluta de Ella.

Mujer, hay que huir. Es honroso huir de un maltratador y dejarle con un palmo de narices, antes de que seas un cadáver. Tienes recursos suficientes para reunir fuerzas y hacer una llamada. Tienes que saber reconocer los primeros signos de un maltratador para marcharte antes de que haya destruido tu Yo. Hay casas de acogida donde puedes estar con tus hijos si los tienes y el maltratador nunca sabrá donde están esos refugios. En esas casas, que he visitado con frecuencia, hay mujeres como tú, en tu misma situación. Da lo mismo que sean abogadas, mujeres de negocios, de campo o analfabetas. Los maltratadores están en todas partes, en todos los estratos sociales y todos tienen un mismo estigma: el pensar que Ella es suya y que eso le da derecho a hacer con ella lo que le dé la gana.

Por eso, resulta indignante ver cosas como un espectáculo -por llamarle algo- que ví hace un par de semanas en una sala alternativa de Valencia. Era una coreografía y ballet -también por decir algo- en que un maltratador empuja a una mujer a la única salida que ve: el suicidio ahorcándose. Y luego juega-baila con una segunda mujer. Los malos tratos se mezclan con las caricias y con la complacencia de ésta… hasta que él la mata. En la pared del fondo, se proyectaban algunas imágenes de una película sobre mujeres maltratadas, mezcladas con palabras como «IRA», «FRUSTRACIÓN», «MIEDO» o «CÓLERA», como si esto justificase lo que estábamos contemplando, algunos con ojos atónitos. Al final de la corta -afortunadamente- representación, el maltratador, presa del pánico, de la soledad o de no se sabe muy bien qué, se arrastra por el suelo, se arranca la piel (unas tiras de plástico de bolsa de basura), se golpea furiosamente. ¿es por qué ya no tiene a quién maltrtar?. Mientras, aparecen vestidas de novias envueltas en tules negros las dos maltratdas que, con dos rosas rojas en la mano ( la rosa roja es algo así como «te querré para siempre»), evolucionan en torno a él, sin apartarse de su lado incluso más allá de la muerte. Creo que la última palabra que aparecía proyectada en la pared era «LO SIENTO». ¿Eso es todo?. Cuando no se tienen claros los mensajes, o los mensajes que se envían a los espectadores son equívocos o malos, es mejor no meterse en camisas de once varas y no tratar temas que, con esa falta de sensibilidad y de confusionismo , hieren gravemente la sensibilidad del espectador, de las mujeres y de cualquiera que tenga un mínimo de conciencia. No hay muerta maltratada que de vueltas alrededor del amado-maltratador, con rosas rojas que envían mensajes subliminales de «te amaré más allá de la muerte». Las muertas, están muertas. Y los maltratadores que primero las anulan, luego las maltratan y después las matan, deben estar juzgados y en la cárcel de por vida. No hay manera de perdonar por parte de una mujer ni de nadie sensible hacia estos temas, que indocumentados hagan espectáculos innobles en su trasfondo y que justifiquen un frívolo y erróneo planteamiento de un tema tan terrible como los malos tratos con un «LO SIENTO».

Camino Ciordia


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