EL PALERO DE AGROMÁN.

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Todas las mañanas, antes del desayuno, hacía unos cuantos ejercicios de habilidad y cálculos de probabilidades para ganarle a la máquina. Pensaba que le servía para mantener la mente alerta. Por alguna razón, tenía pánico a una palabra: Alzheimer. Nos lo comentaba a veces, pero decía que no sabía el porqué de ese miedo ya que en su familia, bastante extensa, no había ni un solo caso de demencia de ningún tipo.

             Siempre jugaba un rato antes de desayunar para mantener en forma sus reflejos mentales. Miedo al Alzheimer. 

 

El asunto es que estaba enfrascada en su juego y algo se le vino a la cabeza: “palero de agromán”. Ni idea de qué era eso. Pero esas palabras volvían una y otra vez. “Palero de agromán”. Dejó el juego de habilidades y preparó el desayuno con toda la parsimonia del mundo. “Lo mejor de mi  trabajo en la “Mental Search Lab” es que los horarios –salvo improbables problemas urgentes- me los pongo yo en función de mi organización de las tareas de cada momento”. Mientras se hacía un zumo “detox”, de nuevo en forma de rótulo dentro de su cabeza: “palero de agromán”.

 

      Los batidos «detox» siempre eran parte de sus abundantes y sanos desayunos mientras pensaba en las tareas del día.

 

Ella era la típica paciente-impaciente así que dejó el “detox” a medias y se metió en san Google. Palero: nada. Informaciones sobre palos, palos mayores de barcos, ciudades llamadas  Palo, Palo Mayombe… hasta un listado minero que a saber por qué diablos aparecía allí. Optó por la otra palabreja: “agromán”.

“Debe hacer referencia a un hombre de campo”, pensaba, montándose unas etimologías sui generis en la cabeza: agro (campo en latín) y man (hombre en inglés)-,  cuando apareció un montón de información sobre una antigua empresa española llamada Agromán dedicada a la construcción de todo tipo de edificios, obras civiles, puertos… pero ya era historia. Había desaparecido hacía bastantes años, antes de que ella naciera incluso. Se hundió y la compró otra empresa similar que sí existía en la actualidad y tenía negocios diversificados en medio mundo.

 

                Consultando qué es un «palero» en san Google. Búsqueda infructuosa de una palabra que machacaba su cabeza.

 

¿Y ahora qué?, se dijo perpleja. Nadie en su familia había tenido relación con esa empresa. El abuelo materno había pasado su vida entre libros y seguro que de empresas no sabía una mierda. La abuela materna, tampoco. Había sido propietaria y directora de un colegio hasta que se hartó de trabajar y lo cerró. Por parte de su padre, los abuelos habían muerto incluso antes de que sus progenitores se conocieran. Espera, espera… el abuelo había paseado media España de obra en obra de pantanos haciendo algo así como administrador o pagador de los trabajadores. ¿Sería eso ser palero?. Todavía vivía uno de los hermanos de su padre. Le preguntaría a él si lo que hizo el abuelo era ser palero.

 

                      El Mental Search Lab es un edificio moderno que le recordaba a algunos del Tecnológico de Monterrey.

 

Cuando llegó a la Mental Search Lab, edificio que le recordaba al Tecnológico de Monterrey donde hizo unos trabajos tiempo atrás, saludó a todos los que se iba encontrando, desde los guardias de seguridad hasta el oficinista-secretario de su departamento que, como siempre, le había puesto flores frescas y ya le traía un café desca con leche desnatada y sin lactosa. La sacarina la sacó ella del bolso.

–  Gracias, Nacho. Eres un amor. Por cierto, ¿te suena la palabra palero?. Creo que debe estar relacionada con la construcción o algo así.

– No la he oído en mi vida, Raquel. ¿Por qué?.

– Nada, chico. Se me ha venido a la cabeza y no me la puedo quitar. Es como cuando se te mete una canción y te pasas el día con esa murga dentro. Solo que no se qué es ni qué quiere decir.  Bueno, al tajo.

 

Raquel se puso una bata blanca y se encaminó al laboratorio C donde ella trabajaba sobre medicamentos que acentúan el condicionamiento del comportamiento complejo de animales. Había conseguido bastantes avances en los dos últimos años. Todos los homínidos con los que experimentaban, ya se comunicaban con mensajes muy complejos entre ellos y también con ella. Habían llegado a mantener “conversaciones” de más de diez minutos en los que se/le contaban hasta si tenían dolor de cabeza, contracturas o simplemente qué tipo de comida querrían para ese día. Ella se sentía bastante satisfecha con el trabajo porque eso era el comienzo de un proyecto mucho más ambicioso: entendimiento y comunicación a muy largo plazo con todos los seres vivos.

 

Su campo de trabajo era desarrollar con  determinados medicamentos el aprendizaje complejo y comunicación entre homínidos. 

 

El profesor Borman entró en el laboratorio. Saludos afectuosos, un intercambio sobre los últimos pequeños logros, una charla sobre la complejidad de la mente y una pregunta que alarmó a Rachel.

– Dime una cosa, niña. ¿No has tenido algún tipo de sueño recurrente en este último mes?. Esto… parece que le ocurre a algunos investigadores del proyecto. No queremos que nadie llegue a obsesionarse con el trabajo y sus derivadas. Influiría en la calidad y claridad del enfoque del proyecto.

– En absoluto, profesor. La verdad es que hago una vida sana, ordenada y duermo como un bebé.(Palero, palero, pensaba Raquel al mismo tiempo que mentía muy sonriente al veterano profesor).

– Bueno, pues ya te dejo. Tengo que seguir con lo mío. ¿Estás segura de que no…?.

Ella no le dejó terminar la frase mientras le contestaba tajantemente amable: no, nada de nada. Todo normal.

Palero. Palero. Agromán. Construcciones civiles. Pantanos. Borman con aquella pregunta. Y empezó a darse cuenta de que sí, en sus sueños había algo así como mensajes extraños. ¿De los homínidos?. ¿Alguien quería decirle algo?. Se quitó la bata, llamó a su viejo tío y quedó en pasarse por su casa a hacerle una visita. Salió del edificio con paso ligero hasta su coche. Desde una ventana, el profesor Borman junto a un hombre con pinta de negociante de altos vuelos le miraban irse mientras decían: sí, quizás ya está todo en marcha.

 

¿Qué estaba pasando?.


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6 Responses to “EL PALERO DE AGROMÁN.

  • Iñaki
    3 meses ago

    ¡Por fin!. Ya era hora, chavala, de que volvieses a tu rincón y dejarnos creaciones nuevas a tus fieles seguidores. Llevaba tiempo creyendo que algo te pasaba pero tu vuelta me parece de lo más sorprendente. ¿Vas a escribirnos ahora a base de entregas?. ¿O de intrigas?. Me encanta que hayas regresado y de verdad que estoy intrigado. Espero la continuación.

    • Hola Iñaki. ¿Tienes un avisador de cuándo publico?. Porque me escribes enseguida. No te voy a ocultar que me gusta, claro.Y ya te adelanto d que sí, voy a explorar el género del folletín, cuando a comienzos del siglo pasado se publicaban historias en los periódicos de la época a base de folletos cada día o casa semana… iré ensayando la periodicidad del relato. Y no renuncio a intercalar otras cosas que nada tengan que ver con esta historia que he comenzado ahora. A ver qué pasa. Gracias por seguirme, Iñaki, y por tu fidelidad y ánimos.

  • Angel Sola
    3 meses ago

    Hola. ¿Vas a seguir ecribiendo o nos quedamos a medias?. Porque vengo desde hace unos días y el relato no crece. Y me intriga saber por dónde vas a salir. Claro que a lo mejor se te ha liado la historia cual pata de romano. Bueno, que sigas con prisa y sin pausa a ver si la apuesta que he hecho conmigo mismo es la solución acertada y me gano.

    • Vas a tener que esperar un poco. Esto va a ser como las viejas entregas a plazos en los periódicos. Aunque, si me aburro, a lo mejor corto por lo sano y me cargo a todo el personal de un plumazo. Bueno, de un teclazo. Paciencia, hombre, paciencia.

  • Alma María
    3 meses ago

    Paciencia, esa paciencia que usted reclama para sus historias o la continuidad de ellas, es lo que le hace falta al mundo. Nos iría mejor a todos yendo con más cuidado por la vida y más mimo hacia el prójimo. Le sigo desde los comienzos, cuando este blog se llamaba de otra manera y siempre me ha parecido muy interesante su manera de enfocar todo tipo de cuestiones. Se bien que es usted periodista y su blog era, hasta los últimos tiempos, como un maravilloso reportaje. Me interesaba más esa fórmula que esta de historias por entregas, pero también creo que, si las alterna, no hay por qué renunciar a nada. Gracias y espero no haberle molestado con este comentario.

    • No, Alma María. Sus comentarios no me han molestado en absoluto. Son respetuosos y, en este rincón, se aceptan todas las críticas y comentarios si no se falta al respeto ni a los trabajos ni a los que me visiten. Es la única condición. Le voy a dar la razón en que en otras entradas de mi blog más periodísticas, los planteamientos y el tratamiento de los temas eran tratados, efectivamente, como si de un reportaje o documental se tratase. No renuncio a ello, pero también me apetece explorar el mundo de los relatos. Es por mi propia satisfacción… o desencanto. Ya veremos. No deje de visitarme aquí. Gracias.