PONER A CADA UNO EN SU SITIO

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Pasaron las elecciones sin mayores sobresaltos. A todos los efectos, y en lo que a los dos grupos mayoritarios se refiere, la correlación de fuerzas ha quedado más o menos como estaba. Con más votos cada partido, con más escaños, pero casi con la misma diferencia. O sea que, igual que hace cuatro años, han ganado los dos. Y por tanto, a estas horas de la noche, sociatas y simpatizantes, peperos y simpatizantes, andan por las calles y las sedes celebrando sus triunfos. Las cadenas de televisión han desenganchado y han dicho que hasta la próxima, desentendiéndose del 3% restante de votos pendientes de contabilizar. A fin de cuentas, eso no va a ninguna parte. Así que muchos contentos y otros, con gallardía y honestidad, asumiendo la derrota. Me refiero, naturalmente, a Gaspar Llamazares, Coordinador General de Izquierda Unida hasta dentro de no mucho.

No se ha andado con rodeos Llamazares. «Fracaso rotundo», que asume personalmente, al tiempo que da las gracias a todos afiliados y simpatizantes que, -a pesar de que a Izquierda Unida los escaños le salen carísimos en número de votos (mucho más que a PP y PSOE)-, han trabajado con ilusión y esfuerzos inversamente proporcionales a los medios que tenían. Adiós a Llamazares que ha anunciado Asamblea General de la Coalición y su renuncia a presentarse al puesto que todavía tiene. Hay que saber ser honrado y consecuente en los fracasos. Llamazares lo ha sido. Así que felicitaciones por eso. Creo que, a estas alturas, encontrar un político que asuma la evidencia como debe ser se merece una felicitación. En elecciones, solo recuerdo a otro político que reconoció su fracaso: Simancas frente a doña Esperanza.

Y, desde mi punto de vista, el mayor triunfo de estas elecciones, es el que ha tenido el socialista Patxi López y su partido en el País Vasco. Nunca en la historia de la democracia había soñado, probablemente, el Partido Socialista llegar a esos resultados. Y yo me alegro, porque ¡lo que ha tenido que aguantar el susodicho en estos años!. Y lo ha tenido que aguantar dentro de su propio partido que es donde ha tenido unas oposiciones de aúpa. Ahí está, entre otras, la que como no cortaba a pesar de lo que pinchaba, llegó a formar su propio partido. Me refiero a esa mujer ideal de monísima de la muerte que ¡vaya por dios! no ha chupado cámaras (que yo haya visto en mis zapeos) en toda la noche. Así que felicitaciones a Patxi López por haber defendido y creído en posturas y actitudes recriminadas por algunos socialistas y refrendadas tan ampliamente por otros muchos en el siempre difícil panorama político del País Vasco.

Finalmante reseñar a una persona que, sin decir nada, sí ha reconocido la derrota de Mariano Rajoy desde el balcón de la calle Génova: su esposa, que lo decía todo con su cara, a pesar de que Mariano le sonreía. Y juraría que, con los micros delante y a pesar del rugido de los de seguidores, oí que le decía como para animarla: «ven, mi vida».

Por cierto, la famosa «niña de Rajoy», no era de él. Antes que él, fué Obama el que habló de esa niña. Pero habló de ella de otra forma, con fuerza, sin sensiblerías, sin cuentos. Rajoy y sus asesores se equivocaron. Porque, como efectivamente la niña no era suya, Rajoy tuvo que leer de pé a pá la historia que le habían escrito. Y le quedó fatal. Aunque no soy muy partidaria de bastantes cosas de Yankilandia, la niña americana, además de primera, era mejor que la que recrearon para Rajoy.


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